Escuché el leve rumor de una conversación entre susurros demasiado próxima a mí. Me pasé la mano por la cara y, bostezando, me incorporé. Era de noche y comenzaba a hacer mucho frío, esa sensación que se repite cada vez que cae el sol en septiembre y que hace que un agudo escalofrío recorra la columna vertebral en orden ascendente, segundos después, suele comenzar una tiritona que convulsiona
