Sígueme


Me aseguró que estaba rota,
hecha trizas,
que había saltado en pedazos por culpa de un amor que duró seis años
y que dejó una casa repleta de promesas huecas.

Rota,
destrozada,
abatida,
quizá empleó alguna palabra más
pero creo que se entiende el significado.

Me aseguró que no podría querer
como quiso aquella primera vez,
como si alguien pudiera.

Yo me esforcé en convencerla
de que valía más que las manos de cualquier poeta
y, al final, logró volar,
no conmigo, pero voló.

Y yo me quedé como el niño
que cura alas de pájaros malheridos
y cose telas de cometas que dejaron de volar.

No,
yo quise volar con ella,
pero no,
terminó volando
pero no conmigo.

Qué cojones importa.


Al final voló.


Dani Rivera


Su nombre es la parte de ella
que se queda conmigo cuando se va,
es antónimo y sinónimo de felicidad
según los kilómetros que nos separen.

Son seis letras para las que sobran palabras,
la nueva dirección de mi casa,
mi abrigo contra la nostalgia,
el código postal de su voz
que se sigue resistiendo a tener fronteras.

Su nombre es el asesino de mis pesadillas,
el número sin números de la esperanza,
mi oración preferida,
una colección de suspiros optimistas.

Su nombre es la forma más exacta
para definir lo indefinible,
la razón que pinta de color a un poeta gris.

Pero lo mejor de todo es
cuando su propietaria anda por aquí,
delineando una primavera con cada sonrisa,
y lo susurro en voz alta
o lo grito en bajito

y me mira.



Dani Rivera


Tu mirada está plagada de parques,
tus caderas son carreteras de montaña,
tu sonrisa desata tormentas
y tu melena silencia al viento.

Tu boca es un rincón oscuro de París,
tu espalda, una alfombra junto a la chimenea,
tus dedos declaran miles de guerras
mientras tus piernas bajan los impuestos.

Cientos de metáforas para decirte de otra forma
simplemente eso,
                            que te quiero.



Dani Rivera
@DaniRiveraR


Te espero en Barajas con flores en la mirada,
aguardando a que aterrices para verte bajar,
a través del cristal,
del avión de las dudas,
ese que a veces nos sobrevuela.

Viajas con poco equipaje,
sin ninguna maleta repleta de recuerdos del pasado,
son inevitables las dudas del presente
cuando se viaja tan rápido,
cuando vemos nuestro mundo tan pequeño
al mirar por la ventana del futuro.

Y chocamos, lógicamente, chocamos,
siempre terminamos chocando,
haciéndonos daño,
cayendo en picado
y mientras suenan las alarmas,
saltan de cada compartimento
las máscaras de oxígeno
para disfrazar nuestros miedos,
para volver a respirar
cuando se despresuriza
la cabina de nuestro amor.

Por suerte,
siempre funciona el paracaídas.
Por suerte,
siempre hay un 'Te quiero' tras cada caída.

Daniel Rivera
@DaniRiveraR

poesía social a la manera de Karmelo.
para Álvaro.




I

Hay tantas veces en las que quiero salir huyendo
que barajo la posibilidad de meterme en la lavadora
y que centrifugue tan, tan rápido
que termine despegando hacia un lugar

en el que
no
nos
de
miedo
empezar
de nuevo.

II


No fumo,
no me gusta especialmente la cerveza,
tampoco sé si sabría definir
qué es el amor.

No sé por qué la gente se empeña
en colgarme el sambenito de poeta.

III

Soñábamos con cambiar el mundo
y ahora nos conformamos
con casarnos a los treinta y pocos,
cambiar de coche cada cinco años,
vernos un poco menos calvos
y llegar vivos
al viernes.

Para que otra vez
vuelva a empezar
la semana,
con su rutina
intransigente
de los países
en ciernes.

IV


Les reconocerás fácilmente.

No desvían la mirada
del semáforo en rojo.
Y en cuanto pueden
aprietan el acelerador
con ansiedad,
con prisa, ya ves

como si no hiciera tiempo
que se les escapó
 la vida.

V

Máster
en la universidad
de la hamburguesa.

Creo que no se puede decir tanto
con tan poco
en un poema.

VI

Que alguien le pare los pies
a este domingo suicida
antes de que se encargue,
él solito,
de bajar el paro,
de establecer la prima de riesgo,
de dar confianza a los mercados
o de borrar del mapa
a los hombres grises como yo.


VII

Nos quitaron la esperanza
y sólo nos la devolverán
con algún tipo de interés.

VIII


No sé cuándo,
ni dónde,
ni cómo
y tampoco sé por qué,
pero está claro
que en algún lugar del camino
se nos debió perder la democracia.

IX


Inventamos el paro,
la economía,
el libre mercado,
ponemos precio
al barril de petróleo,
y en un alarde de originalidad
creamos el consumismo,
las infidelidades
y los lunes por la mañana.

Inventamos tanto
para luego renegar
de toda nuestra creación.

Y luego todavía hay
algún valiente
que se pregunta
que qué cojones
fue de Dios.


Dani Rivera
@DaniRiveraR


para Raquel,
por sobrevalorarme.


Encontramos el cadáver del amor
desangrándose entre la hierba,
con el leve rocío de la mañana
aún sobre su piel.

Encontramos la pétrea tumba de la rutina,
fría, inanimada, pero aún intimidatoria,
porque antes de morir
acabó con nosotros.

Encontramos miles de excusas traspapeladas
que guardábamos para cuando se nos acabaron las ganas
de contemplar trémulos amaneceres
bajo las mismas sábanas.

Encontramos el vaho de nuestros suspiros congelados
de cuando insistías en que se jodiese la primavera
que a nosotros siempre nos quedarían
todos nuestros inviernos.

Encontramos decenas de cientos de cosas
menos la respuesta que estábamos buscando,
que si empezamos porque nos queríamos,
a veces incluso demasiado,
por qué ahora nos empeñamos en hacernos
                                                                    tanto
                                                                             daño.


Dani Rivera

No me termino de acostumbrar,
a espiar por la mirilla
y que no sean los testigos de Jehová,
sino tú
con tu aspirina contra la tristeza
y esa habilidad innata
para disfrazar cualquier día de mierda
de sábado por la noche.

Abrirte.
Y que en un instante
sea veintiuno de marzo
en este hogar al que llamaré reino
cuando te vengas a vivir conmigo.
Rompes el calendario
con esas manos con las que aprendí
todas las acepciones de la felicidad.

No me termino de acostumbrar
pero lo tengo claro:
quiero
que sea tu timbre de voz
el que suene
cuando llamen
a la puerta de mi vida.


Dani Rivera
@DaniRiveraR
Silencio,
un par de butacas vacías
para no levantar sospechas
y una voz que se alza
desde el estrado.

Señorías, —anuncia—
sincronicemos los relojes.

Anoche pregunté a la luna por ella,
a ver si sabía cuando fue la última vez
que la vio desfilar entre charcos y farolas,
aunque lo cierto es que da igual por donde camine
que ella parece dejar su huella en la arena.

Es el efecto que produce,
capaz de convertir un barrio anodino y gris
en la avenida principal del paraíso.

Fue mi vicio más caro,
la droga más peligrosa
que ni se inyecta en vena
ni tampoco se esnifa,
basta con una simple sonrisa
para convertirte en un colgado
toda tu puta vida.

Por eso, tengo más deudas con sus ojos
de las que jamás podré pagar con mis poemas,
tendré que pedir un crédito
o hipotecar futuros amores,
aunque ya ves, da igual,
jamás podré enamorarme de nadie.

O al menos no de la forma
en la que me enamoré de ella.

Esa forma kamikaze
de querer ir a por todas,
y por todas quiero decir,
obviamente,
ella.

Dani Rivera
@DaniRivera4S
Mis dedos son expertos en contarte,
por debajo de tu falda,
lo mucho que me haces falta
para que los otoños
no planten banderas en mi mirada.

Mis labios me delatan,
como si un juez fuera a descontarles
años de no sé qué condena
a cambio de susurrarte
lo frío que está tu lado de la cama
cada vez que te vas.

Mis piernas caminan hacia ti
con la seguridad que otorga
el regreso a la patria,
esa tierra sin sobresaltos
que está un  poco más allá
de la frontera de tu piel.

Y luego están mis manos.
Esas son las peores.

Tiemblan al acariciarte
como si el niño que un día fui
abriera los regalos
bajo un árbol de navidad.

Todo esto es lo que más me gusta de ti,
que me hagas colapsar cada vez que te veo,
que todas las veces sean como la primera vez,
que tenga que disimular con mi gesto adusto y serio
lo afortunado que fui en encontrarte.
No dejar pistas
para que nadie lo sepa.
Sí, hay que mantenerlo en secreto:
ni mis dedos, ni mis labios, ni mis piernas
y tampoco, claro, mis manos,
pueden desvelarlo.

Ya sabes lo que le hace este mundo
a la gente que es feliz.