Sígueme

para Ana F.,

Hoy te he soñado,
has aparecido sin complejos irradiando magia
y rayando la perfección con las llaves de tu casa,
nuestro refugio antinuclear contra la rutina
de los lunes por la mañana.

Hoy te he soñado,
estabas como siempre salvándome la vida
sólo que esta vez era en dieciséis novenos,
como una de esas películas americanas
en las que aparece el superhéroe con la estrella en el pecho.
Los yankis te van a hablar a ti de estrellas,
que creas una constelación con cada pestañeo.

Hoy te he soñado,
has aparecido bailando sin música,
bailando libre como cada vez que flotas
por encima de mi cama
y yo te observo desde abajo
y me siento tan diminuto
como un niño viendo a un avión despegar,
muy pequeño
y, sin embargo,
maravillosamente afortunado.

Hoy te he soñado
pero después,
después he abierto los ojos
y has aparecido allí,
a un suspiro de distancia,
y cuando pensaba
que era imposible mejorar mi sueño,
te he visto amanecer.


Dani Rivera

Hoy me he enamorado doce veces
en mi empeño por encontrarte sustituta,
pensé que así
la próxima vez que cayeras por mi vida
podría desenfundar el nombre y un par de apellidos
de mi felicidad recién estrenada.

De esta forma, tal vez,
comenzases a echarme
un poco
de menos.

Mi plan sigue haciendo aguas.

Me cruzo con chicas de talla perdición,
con labios sabor locura
que descargan miradas imán
con tendencia a clavarse en corazones ajenos.

Aún así nada.
Nada.

Todas parecen tú.
                             Pero ninguna tiene tus alas.

Dani Rivera


Me aseguró que estaba rota,
hecha trizas,
que había saltado en pedazos por culpa de un amor que duró seis años
y que dejó una casa repleta de promesas huecas.

Rota,
destrozada,
abatida,
quizá empleó alguna palabra más
pero creo que se entiende el significado.

Me aseguró que no podría querer
como quiso aquella primera vez,
como si alguien pudiera.

Yo me esforcé en convencerla
de que valía más que las manos de cualquier poeta
y, al final, logró volar,
no conmigo, pero voló.

Y yo me quedé como el niño
que cura alas de pájaros malheridos
y cose telas de cometas que dejaron de volar.

No,
yo quise volar con ella,
pero no,
terminó volando
pero no conmigo.

Qué cojones importa.


Al final voló.


Dani Rivera


Su nombre es la parte de ella
que se queda conmigo cuando se va,
es antónimo y sinónimo de felicidad
según los kilómetros que nos separen.

Son seis letras para las que sobran palabras,
la nueva dirección de mi casa,
mi abrigo contra la nostalgia,
el código postal de su voz
que se sigue resistiendo a tener fronteras.

Su nombre es el asesino de mis pesadillas,
el número sin números de la esperanza,
mi oración preferida,
una colección de suspiros optimistas.

Su nombre es la forma más exacta
para definir lo indefinible,
la razón que pinta de color a un poeta gris.

Pero lo mejor de todo es
cuando su propietaria anda por aquí,
delineando una primavera con cada sonrisa,
y lo susurro en voz alta
o lo grito en bajito

y me mira.



Dani Rivera


Tu mirada está plagada de parques,
tus caderas son carreteras de montaña,
tu sonrisa desata tormentas
y tu melena silencia al viento.

Tu boca es un rincón oscuro de París,
tu espalda, una alfombra junto a la chimenea,
tus dedos declaran miles de guerras
mientras tus piernas bajan los impuestos.

Cientos de metáforas para decirte de otra forma
simplemente eso,
                            que te quiero.



Dani Rivera
@DaniRiveraR


Te espero en Barajas con flores en la mirada,
aguardando a que aterrices para verte bajar,
a través del cristal,
del avión de las dudas,
ese que a veces nos sobrevuela.

Viajas con poco equipaje,
sin ninguna maleta repleta de recuerdos del pasado,
son inevitables las dudas del presente
cuando se viaja tan rápido,
cuando vemos nuestro mundo tan pequeño
al mirar por la ventana del futuro.

Y chocamos, lógicamente, chocamos,
siempre terminamos chocando,
haciéndonos daño,
cayendo en picado
y mientras suenan las alarmas,
saltan de cada compartimento
las máscaras de oxígeno
para disfrazar nuestros miedos,
para volver a respirar
cuando se despresuriza
la cabina de nuestro amor.

Por suerte,
siempre funciona el paracaídas.
Por suerte,
siempre hay un 'Te quiero' tras cada caída.

Daniel Rivera
@DaniRiveraR

poesía social a la manera de Karmelo.
para Álvaro.




I

Hay tantas veces en las que quiero salir huyendo
que barajo la posibilidad de meterme en la lavadora
y que centrifugue tan, tan rápido
que termine despegando hacia un lugar

en el que
no
nos
de
miedo
empezar
de nuevo.

II


No fumo,
no me gusta especialmente la cerveza,
tampoco sé si sabría definir
qué es el amor.

No sé por qué la gente se empeña
en colgarme el sambenito de poeta.

III

Soñábamos con cambiar el mundo
y ahora nos conformamos
con casarnos a los treinta y pocos,
cambiar de coche cada cinco años,
vernos un poco menos calvos
y llegar vivos
al viernes.

Para que otra vez
vuelva a empezar
la semana,
con su rutina
intransigente
de los países
en ciernes.

IV


Les reconocerás fácilmente.

No desvían la mirada
del semáforo en rojo.
Y en cuanto pueden
aprietan el acelerador
con ansiedad,
con prisa, ya ves

como si no hiciera tiempo
que se les escapó
 la vida.

V

Máster
en la universidad
de la hamburguesa.

Creo que no se puede decir tanto
con tan poco
en un poema.

VI

Que alguien le pare los pies
a este domingo suicida
antes de que se encargue,
él solito,
de bajar el paro,
de establecer la prima de riesgo,
de dar confianza a los mercados
o de borrar del mapa
a los hombres grises como yo.


VII

Nos quitaron la esperanza
y sólo nos la devolverán
con algún tipo de interés.

VIII


No sé cuándo,
ni dónde,
ni cómo
y tampoco sé por qué,
pero está claro
que en algún lugar del camino
se nos debió perder la democracia.

IX


Inventamos el paro,
la economía,
el libre mercado,
ponemos precio
al barril de petróleo,
y en un alarde de originalidad
creamos el consumismo,
las infidelidades
y los lunes por la mañana.

Inventamos tanto
para luego renegar
de toda nuestra creación.

Y luego todavía hay
algún valiente
que se pregunta
que qué cojones
fue de Dios.


Dani Rivera
@DaniRiveraR


para Raquel,
por sobrevalorarme.


Encontramos el cadáver del amor
desangrándose entre la hierba,
con el leve rocío de la mañana
aún sobre su piel.

Encontramos la pétrea tumba de la rutina,
fría, inanimada, pero aún intimidatoria,
porque antes de morir
acabó con nosotros.

Encontramos miles de excusas traspapeladas
que guardábamos para cuando se nos acabaron las ganas
de contemplar trémulos amaneceres
bajo las mismas sábanas.

Encontramos el vaho de nuestros suspiros congelados
de cuando insistías en que se jodiese la primavera
que a nosotros siempre nos quedarían
todos nuestros inviernos.

Encontramos decenas de cientos de cosas
menos la respuesta que estábamos buscando,
que si empezamos porque nos queríamos,
a veces incluso demasiado,
por qué ahora nos empeñamos en hacernos
                                                                    tanto
                                                                             daño.


Dani Rivera

No me termino de acostumbrar,
a espiar por la mirilla
y que no sean los testigos de Jehová,
sino tú
con tu aspirina contra la tristeza
y esa habilidad innata
para disfrazar cualquier día de mierda
de sábado por la noche.

Abrirte.
Y que en un instante
sea veintiuno de marzo
en este hogar al que llamaré reino
cuando te vengas a vivir conmigo.
Rompes el calendario
con esas manos con las que aprendí
todas las acepciones de la felicidad.

No me termino de acostumbrar
pero lo tengo claro:
quiero
que sea tu timbre de voz
el que suene
cuando llamen
a la puerta de mi vida.


Dani Rivera
@DaniRiveraR
Silencio,
un par de butacas vacías
para no levantar sospechas
y una voz que se alza
desde el estrado.

Señorías, —anuncia—
sincronicemos los relojes.