“Todas las chicas quieren a un chico bueno, un príncipe azul, que siempre esté ahí y que nunca les haga daño”. Y una mierda. Exploté tras leer la vomitiva última línea de un artículo cualquiera. Es algo que tenía muy claro. De hecho, incluso me había permitido elaborar una teoría que yo creía muy correcta. El amor, en realidad, es un juego de celos, celos que deben estar compensados
